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EL JUEGO DEL CALAMAR

Actualizado: 25 nov 2021

La escenografía en la construcción de metáforas:

la inocencia infantil frente la violencia extrema.


Sara Lagunas 18 de Octubre 2021.



ALERTA: ESTE ARTICULO CONTIENE SPOILERS!


Un mes después de su estreno (17 de Septiembre), El juego del calamar se ha convertido en un éxito sin precedentes en la historia de la plataforma de streaming Netflix. Si aún no la habéis visto, os pido por favor que dejéis de leer y que encendáis la tele, la tablet o lo que sea y que disfrutéis de la mayor producción surcoreana desde Parásitos (2019). De hecho, El juego del calamar y la película de Bonn Joon-ho tienen varios aspectos en común: la lucha de clases como motor de la trama; la crítica a la dictadura de Corea del Norte; el contraste entre la miseria más grande y el lujo más absurdo; la deshumanización de los asiáticos por parte de personas no racializadas (en especial por parte de los estadounidenses, no sé por qué será…) y la eterna duda filosófica: ¿el hombre es malo por naturaleza? Todas estas ideas son llevadas al extremo más terrorífico en El Juego del calamar.


El director de la serie, Hwang Dong-Hyuk, trabajó conjuntamente con la directora artística, Chae Kyong-Sun, para crear una escenografía en la que cada espacio empujara al espectador a buscar los significados ocultos. Los propios actores reconocen que los sets de grabación superaron con creces las expectativas que se crearon al leer los guiones.



LUZ VERDE, LUZ ROJA

El objetivo de Chae Kyong-Sun, como señala en una entrevista, era crear un espacio de ensueño que perturbara al espectador, algo que consiguió desde el primer juego: Luz verde, luz roja.


La muñeca gigante robotizada que mata a quien se mueve se ha convertido en todo un fenómeno mundial y un referente de terror que perdurará en el imaginario de nuestra generación, además de protagonizar un montón de memes, que también tiene mérito.

La imagen es muy potente: cientos de personas vestidas iguales (un chándal que recuerda al uniforme de los colegios) que participan en un juego infantil para salvar su vida o que huyen y son asesinadas como animales en un matadero.

Escalofriante.



EL PANAL

En este sencillo juego se desvela la naturaleza traidora y cobarde de uno de los protagonistas: Sang woo, interpretado por Park Hae-So. Este personaje descubre cual es el juego antes de que empiece y, en lugar de contárselo a sus compañeros y ayudarlos a sobrevivir, se guarda el secreto en su propio beneficio. No le confiesa a nuestro héroe-protagonista, Gi hun (interpretado por Lee Jung-Jae) que si escoge el paraguas tendrá menos posibilidades de sobrevivir que si escoge el triángulo o el círculo.


Una vez más, un juego inocente en un espacio agradable como es un parque infantil, oculta una realidad espeluznante: los jugadores que no consigan dar una determinada forma a su galleta de azúcar, morirán de un tiro en la cabeza.

Felicidad versus brutalidad.

LA CUERDA

En el tercer juego, matar se convierte en el único modo de sobrevivir. El espacio escogido se asemeja a las pistas de deporte de los colegios, con las líneas amarillas en el suelo. Es muy duro ver a personas vestidas como niños a las que a las que se les obliga a matar en un juego de niños.

LAS CANICAS

Este juego transcurre entre los callejones de unas casas antiguas. Los diseñadores en la ficción buscaban que este escenario se pareciera lo más posible al lugar en el que se criaron sus jugadores. La directora artística cuenta que el set para este juego fue el que más tiempo tardaron en construir, ya que resultó difícil encontrar el equilibrio entre lo falso y lo real, como metáfora de la oposición entre la vida y la muerte (pensemos en el falso atardecer que baña la escena).


En este juego sale a la luz la naturaleza humana: Gi hun miente y engaña al viejo y Sang woo traiciona a Ali, mientras que un personaje secundario da su vida por Sae byeok, la carterista (interpretada por Jung Ho-Yeon). De nuevo se produce un fuerte contraste el contraste entre la bondad y la maldad humana.

PUENTE DE CRISTAL

En el penúltimo juego, el puente de cristal, la estética de la escenografía recuerda a la de un circo. Las luces y los colores brillantes envuelven la escena y la convierten en un espacio perturbador y diabólico en el que la felicidad habitual de los niños en un circo se enfrenta a la muerte inevitable de los jugadores adultos.


Los 16 últimos jugadores deben cruzar un puente en el que hay placas de cristal resistente y otras de cristal templado, en cada paso se juegan la vida. Llevan petos con números, como si fueran los caballos de una carrera. La tensión se transmite a los espectadores quienes temblamos a cada paso que dan.

JUEGO DEL CALAMAR

La lucha a muerte entre Gi hun y Sang woo tiene lugar en un ambiente metafórico y visual muy intenso, para el que se reutiliza el espacio del primer juego. De este modo, el final y el comienzo se conectan, creando un círculo que sirve como metáfora de este juego macabro que nunca termina. Las imágenes del principio (un grupo de niños jugando felizmente al juego del calamar) adquieren sentido ahora con la pelea a muerte entre esos niños, muchos años después. Estos niños se han convertido en dos hombres adultos que han sufrido la miseria y la humillación más grande para deleite de un grupo de hombres blancos y ricos que apuestan por ellos como si fueran caballos de carreras. Una imagen brutal en la que la escenografía es clave.


Al final serie, la naturaleza humana queda al descubierto a través de imágenes brutales que se consiguen gracias a la escenografía, los decorados y el potente juego de planos e imágenes. Las personas valientes y nobles como Ali conviven con personas cobardes y traidoras como Sang woo. Esta serie nos obliga a preguntarnos si el ser humano es bueno o malo y si en él tiene más peso la supervivencia o, por el contrario, la naturaleza inocente y bondadosa con la que nace y vive siendo niño. A lo largo de la serie, Gin hun nos devuelve la fe en la humanidad que Il nam nos ha trata de arrebatar.


La conclusión a la que he llegado tras este análisis es que la estética infantil de El juego del calamar provoca un fuerte contraste visual entre la inocencia de los niños y la violencia más extrema. Este contraste es el que mantiene al espectador enganchado al televisor, deseoso de más imágenes perturbadoras. Los sets de fantasía, aparentemente divertidos (pensemos en las escaleras de colores pastel, los columpios gigantes, las callejuelas al atardecer…) contrastan con la realidad de la trama: un juego de supervivencia en el que debes matar para sobrevivir.


Aunque este tema esté bastante explotado en la actualidad (hay quien ha categorizado esta serie como Los juegos del hambre coreanos), El juego del calamar ha dado una vuelta de tuerca a este subgénero cinematográfico. Pensemos que la infancia, tanto de los jugadores como del Anfitrión, es la etapa más feliz que recuerdan y los juegos son una parte fundamental. Por este motivo, el Anfitrión crea este micro-mundo de tortura, para volver a sentirse tan feliz como cuando era niño, ya que en su vida de lujos no hay nada que le satisfaga.


Me gustaría finalizar este artículo lanzándoos una pregunta, y no, no es si os jugarías la vida por dinero. Quiero que miréis a través de los ojos de Il nam: ¿alguna vez os habéis sentido tan libres y felices como cuando eráis niños? ¿Hasta dónde llegaríais para volver a sentiros así? Espero que no tan lejos…


 

Mira el Tráiler de la 1era temporada de El Juego del Calamar.


Escrito por Sara Lagunas el 18 de Octubre del 2021.


Jefa de Redacción: Virginia Castro.


CEO:AdrianFx360.


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